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Madrid, el epicentro del catolicismo en el mundo durante el Imperio español, recibe al papa León XIV en una ocasión histórica

El rey Felipe VI recibe al papa León XIV

La llegada del papa León XIV a la capital española invita a recordar el papel de España en la supervivencia de la Santa Sede durante la Edad Moderna

La visita del papa León XIV a Madrid reviste una especial carga simbólica. Para ir directos al grano: sin España no se hubiera entendido la supervivencia de la Santa Sede frente a las guerras históricas contra los otomanos y protestantes. Y para ser más concretos, fue durante el reinado de Felipe II cuando la cristiandad encontró su defensa por las armas en los soldados españoles y por la sabiduría de los teólogos españoles. En este encuentro entre los fieles y el Sumo Pontífice, en la antigua capital de la Monarquía Hispánica, es una ocasión única para rescatar del olvido esta conexión forjada durante más de 150 años.

El emperador Carlos V, considerado uno de los padres de Europa, defendió por las armas el catolicismo en la Tierra. Al principio, el papado no quiso aceptar su poder en la época, hasta que no tuvo más remedio que reconocerlo y ungirlo como el último emperador coronado por un papa en Bolonia, 1530. ¡La responsabilidad del heredero de Carlomagno fue tremenda! Ni más ni menos que liderar la defensa de la cristiandad contra el Imperio otomano en el continente y tratar de evitar la división de la antigua religión en Europa tras la aparición del protestantismo y sus diferentes corrientes.

Antes de morir, el también llamado Carlos I abdicó su patrimonio en Bruselas dividiendo la dinastía de los Habsburgo en dos ramas: la española y la austríaca. En realidad, lo que sucedió fue una translatio imperii, puesto que su hijo Felipe II heredaría la parte más pujante de sus territorios -España, América, sur de Italia, Franco Condado y las Diecisiete Provincias católicas-, mientras que su hermano Fernando I se quedaría con la actual Alemania, República Checa -antigua Bohemia-, Hungría y Austria.

Felipe II se erigió como el azote de los protestantes y de los turcos en el continente. De no haber asumido ese rol, el poder de la Santa Sede hubiera estado en serio peligro. Además, la translatio imperii se hizo evidente con la creación de la capital de Madrid en 1561. Desde este enclave, más concretamente desde el Monasterio del Escorial, se dirigió a través de cartas tan vasto imperio. ¡Madrid fue la sucesora de Atenas, Roma y Aquisgrán! De la buena relación entre la Santa Sede y los reyes españoles dependería la supervivencia del catolicismo en Europa.

Felipe II recibe la bola del mundo de Jesucristo, ante la atenta mirada del papa Pío V.

La continuidad histórica del papado tampoco se entendería sin sitios como el de Malta en 1565 y sin batallas como la de Lepanto en 1571, con la importante participación de España, Venecia y la Santa Sede en la denominada Liga Santa contra el Turco. Gracias a la labor de los soldados españoles -don Juan de Austria, el duque de Alba, Alejandro Farnesio, Álvaro de Bazán, Álvaro de Sande…- en esta época, Constantinopla comenzó a perder su hegemonía tras la muerte de Solimán el Magnífico (1566) y su hijo Selim II (1574).

¡Pero no solo en el plano militar! ¿Qué sucede con el Concilio de Trento y la contribución de los teólogos españoles en la Contrarreforma intelectual? Este finaliza en 1563, en época de Felipe II. Además, según recoge el historiador Eduardo Ángel Cruz en su entrevista para Trincheras Ocultas,alrededor del 60% de los Santos entre los años 1588 y 1700, fueron de origen español.

La Basílica de Santa María Mayor (Roma) refleja el cenit del Siglo de Oro español y de su vinculación con la Santa Sede
La Basílica de Santa María Mayor (Roma) refleja el cenit del Siglo de Oro español y de su vinculación con la Santa Sede

Los sucesivos monarcas españolas: Felipe III, Felipe IV y Carlos II; también estarán en continuo contacto con el papado para poner solución a las guerras civiles de religión en Europa, como la Guerra de los Ochenta Años y la Guerra de los Treinta Años. Y es que, cabe recordar que España fue uno de los únicos lugares que no tuvo contiendas fratricidas por motivos religiosos. ¡Por eso fue el faro del catolicismo! No por casualidad el papa Alejandro VI cedió unas décadas antes el título de Reyes Católicos a Isabel y Fernando tras la culminación de la Reconquista.

En definitiva, durante más de 150 años Madrid y Roma tuvieron que estar en contacto para la defensa de los católicos europeos. Por eso esta visita del papa León XIV puede tener un simbolismo especial si se hace referencia a la importancia de España en la supervivencia y la gestación de la actual Santa Sede. Sin la fidelidad de los monarcas españoles, el curso de la historia en Europa hubiera dado un giro de 180 grados.



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