Flandes tan solo era un condado que formaba parte de las Diecisiete Provincias españolas, pero nunca formó el todo que nos han pintado
¿Flandes español? Hoy me dispongo a resolver una duda histórica que existe dentro de la divulgación histórica desde que la “Terciomanía” inundó la literatura española. Lo primero de todo, con el emperador Carlos V, nacido en Gante, no tiene sentido adherir el calificativo de “español” a las Diecisiete Provincias que conformó durante su reinado en el centro de Europa, porque él siempre vio su reinado desde un componente flamenco-borgoñón debido a su infancia en la esplendorosa Malinas.
En este último punto se encuentra la clave para abordar el término “Flandes”, ya que tan solo fue una provincia de las Diecisiete, pero… ¡en ningún momento representó todas las demás regiones que conformaron los Países Bajos! Ni el sur se puede englobar con Flandes, ni tampoco el norte con Holanda, puesto que tan solo fueron dos provincias. Si ustedes abordaran a un habitante de Luxemburgo o de Namur en aquel período y le dijera que estaba en Flandes, probablemente le soltaría un sopapo; puesto que entre ellas también existían rencillas históricas, siendo unas más urbanizadas y otras más rurales.
«Ningún castellano en su sano juicio conocía la heterogeneidad de las Diecisiete regiones sin vivir unos años sobre el terreno«
Además, en mi libro “La huella de España en Flandes” doy mis razones por las que el ducado de Brabante, donde estaba situada la gobernación en Bruselas, fue más próspero que el condado de Flandes. Así que, cuando Felipe II hereda los Países Bajos tras la abdicación de su padre en 1555, se convirtió directamente en conde de Flandes, pero también en duque de Luxemburgo o de Brabante, señor de Malinas o conde de Zelanda… y así, tuvo un título de señor, duque o conde dependiendo de las Diecisiete Provincias que, por primera vez, comenzaron a ser “españolas”.
No obstante, y conviene matizar, no empezaron a ser “españolas” por depender de “España”. ¡Esa es una visión anacrónica propia del siglo XXI! Aquella sociedad hay que entenderla en clave dinástica, por lo que, la provincia de Flandes -como las otras- dependió de las órdenes de un rey Habsburgo, que era español… ¡Cosa que no sucedía antes con el flamenco Carlos V! El cual, por cierto, conocía sus costumbres y, lo más importante, el idioma.
El militar Bernandino de Mendoza lo dejó claro en su crónica de 1592:
“Así mismo la llaman en Europa Flandes, tomando una parte por el todo, por ser esta provincia la más conocida a causa del trato y del comercio”.
Lo normal era que cuando Felipe II enviaba gobernadores como el duque de Alba, rápidamente sobre el terreno se daban cuenta de que estaban en un auténtico laberinto donde ningún castellano en su sano juicio conocía la heterogeneidad de las Diecisiete regiones sin vivir unos años sobre el terreno.
En el condado de Flandes encontramos en aquel momento a Gante, Brujas Lille y Oudenaarde, mientras que, el ducado de Brabante contaba con Lovaina, Amberes, Bruselas y Bolduque. ¿Quién piensan ustedes que tenía más poder? Además, les voy a dar un dato por si viajan al terreno –donde realizo tours privados– para saber distinguir entre las banderas de Flandes y de Brabante:



Y ya para terminar, este artículo tiene como fin que, cuando lean un libro de divulgación histórica que trata Flandes como si fueran las Diecisiete Provincias, les invito a dudar. Tras más de cuatro años viviendo sobre el terreno, puedo asegurar que muchas veces este tema se trata sin haber visitado el lugar de los hechos y sin comprender que, por un lado, en el siglo XVI estaban los brabanzones y, por el otro, los flamencos. ¡Así que a partir de ahora debemos utilizar el término de Diecisiete Provincias católicas o españolas y dejar de decir Flandes español!
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