El historiador David Porrinas comparte que nadie se refirió a Rodrigo Díaz como el “Cid” en plena Reconquista, que escapa a la simplificación de “cristianos contra musulmanes”
¿El Cid Campeador? En la historia de España, existen ciertos personajes que han construido la identidad histórica cristiana de la nación-estado actual. En pleno siglo XIX, todos los emergentes países buscaron en su pasado figuras que legitimaran el recorrido durante milenios de sus comunidades. En el plano nacional, la Reconquista fue un hecho trascendental, donde hombres como Don Pelayo o el propio Cid Campeador sirvieron como modelos para la lucha por la supervivencia de los españoles. Precisamente, es en este último en el que nos vamos a centrar en este artículo para comprender de dónde viene el término “Cid Campeador”.
“El porcentaje más amplio de los combatientes de Rodrigo Díaz serían musulmanes”
Por la mayoría es sabido que el “Cid Campeador” fue el sobrenombre otorgado a Rodrigo Díaz de Vivar, uno de los grandes personajes a los que la tradición convirtió en leyenda por sus hazañas en la lucha contra los moros, en plena Reconquista. En respuesta a esta imagen idealizada, algunos historiadores han empleado el término “mercenario” para referirse “con más rigor” a sus actuaciones en una época convulsa como fue la de finales del siglo XI, aunque este apartado lo trataremos en próximas ocasiones.
Sí aparece el término “Campeador”, pero no “Cid”
Para la historiadora Maruxa Duart Herrero, el término utilizado fue “Campeador” o “Campidoctor” para ensalzar su figura “por vencer en duelo personal al alférez del reino de Navarra”. Según esta versión, el calificativo de “Cid” lo habría adquirido en la taifa de Zaragoza, mientras que este apelativo en árabe sería Sidi, que los historiadores traducen como “señor” y que da nombre a una novela de Arturo Pérez Reverte en 2011.
No obstante, David Porrinas compartió en “Trincheras Ocultas” que el término “Cid” no aparece en los textos de la época. ¡Por lo que ninguno de sus contemporáneos le llamó Cid! Sin embargo, Campeador sí que aparece, y él mismo se intitula así con su puño y letra en el documento oficial de la creación de una catedral en Valencia en 1098, donde aparece escrito: “Ego Ruderico Campidoctor”, traducido a “Yo Rodrigo Campeador”.
“Nunca fue vencido, por sus cualidades psicológicas más que físicas”
Por cierto, el lenguaje empleado por este personaje esclarece la idea de Reconquista, ya que transforma la antigua mezquita mayor de Valencia en una catedral. ¡Este hecho se dio en todos los territorios donde se restauró el catolicismo! Por eso el término empleado fue el de “Restauración” en vez de “Reconquista”, este último acuñado durante el siglo XIX. Esta idea de los reyes -y señores, como en el caso del Cid- cristianos de reestablecer catedrales en los nuevos territorios recuperados, demuestra el fin último del norte peninsular.
Primer documento donde aparece “Cid”
Unos cincuenta años después de la muerte de Rodrigo Díaz en Valencia, en el poema de Almería (1140), con el contexto de la conquista de la ciudad almeriense impulsada por Alfonso VII, que une Castilla y León de forma definitiva, es la primera referencia histórica al término de Cid, donde se expone que “dominó tanto a los moros como a nuestros condes”.
El invencible
David Porrinas, autor de una de las biografías más importantes sobre este personaje, asegura que “nunca fue vencido, por sus cualidades psicológicas más que físicas”. Además, se implicó en seis batallas en las que salió victorioso como comandante de su propia tropa, mientras que, su rey Alfonso VI -que lo desterró en dos ocasiones- tan solo dos.

Rodrigo Díaz -junto a su caballo Babieca- también atesoran el privilegio de ser el único capaz de vencer en dos ocasiones a los almorávides en un periplo de veinte años. Estos vinieron desde África proclamando la Guerra Santa, lo que encendió los ánimos definitivos de los reyes cristianos, en un momento que el Papa estaba a punto de llamar a la Primera Cruzada, y que dio el impulso definitivo para la expansión cristiana hacia el sur.
Además, el Cid debió tener un talante especial, ya que como asegura Porrinas “el porcentaje más amplio de los combatientes de Rodrigo Díaz serían musulmanes”, lo que nos habla de la complejidad de la época antes de la llegada de los almorávides, donde no existía una dualidad de “cristianos contra musulmanes”. Él siempre tuvo a su fiel mesnada de su lado, lo que le convirtió un auténtico empresario de la guerra ofreciendo buenos sueldos a unos hombres dispuestos a agrandar su leyenda en vida.

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